{"id":6666,"date":"2025-06-16T17:54:14","date_gmt":"2025-06-16T17:54:14","guid":{"rendered":"https:\/\/iris3.net\/el-hombre-creado-a-imagen-de-dios\/"},"modified":"2025-06-18T10:48:12","modified_gmt":"2025-06-18T10:48:12","slug":"el-hombre-creado-a-imagen-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/iris3.net\/es\/el-hombre-creado-a-imagen-de-dios\/","title":{"rendered":"El hombre creado a imagen de Dios"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Por el cardenal Gerhard M\u00fcller, Roma<\/em><\/p>\n\n<p>El fil\u00f3sofo alem\u00e1n Friedrich Nietzsche (1844-1900) proclam\u00f3 el surgimiento del superhombre (<em>der \u00dcbermensch<\/em>). Tras dejar atr\u00e1s al animal, el hombre da el salto m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed mismo para convertirse en el \u201csuperhombre\u201d. El Dios que hab\u00eda venerado como su creador era s\u00f3lo una ilusi\u00f3n. El superhombre es su propio creador y es \u00e9l mismo el dios. Sin embargo, lo que surgi\u00f3 de sus disc\u00edpulos no fue un superhombre divino, sino el monstruo diab\u00f3lico del siglo XX. Aquellos que quer\u00edan ascender a un para\u00edso autoconstruido a trav\u00e9s de una moral cristiana destrozada y enormes pilas de cad\u00e1veres s\u00f3lo pod\u00edan terminar creando el infierno en la tierra para sus semejantes.     <\/p>\n\n<!--more-->\n\n<p>Si al hombre ya no se le permite ser una criatura a imagen y semejanza del Dios uno y trino, entonces se hunde en el v\u00f3rtice del nihilismo antropol\u00f3gico. Esta negaci\u00f3n absoluta del sentido del ser deriva inevitablemente de la negaci\u00f3n de la existencia de Dios y de su voluntad universal de salvaci\u00f3n. Los ide\u00f3logos de la \u201cmodernidad sin Dios\u201d y del programa de descristianizaci\u00f3n de la sociedad, con toda su presunci\u00f3n de raz\u00f3n, recaen en un paganismo ciego. Conciben al hombre, de hecho, como una mera coincidencia de los elementos de la naturaleza jugando entre s\u00ed, como un organismo m\u00e1s complejo que la evoluci\u00f3n, como un producto de la sociedad o como una ofrenda del cat\u00e1logo de bienes y, por tanto, del mismo modo en que los antiguos lo consideraban como un capricho de divinidades m\u00edticas.   <\/p>\n\n<p>En Thomas Hobbes est\u00e1 la guerra de todos contra todos, y en el darwinismo social la supervivencia del m\u00e1s apto y el derecho del m\u00e1s fuerte; en David Hume el alma ya no es una sustancia sino s\u00f3lo un conjunto de impresiones; en Karl Marx s\u00f3lo el conjunto de sus condiciones sociales; en Freud un Yo dividido entre el Supery\u00f3 y el Es (<em>Das Ich und das Es<\/em>, 1923). En lugar del Logos omnisciente y omnipresente, es decir, divino, que en su Palabra y en su Esp\u00edritu da testimonio y se comunica al pueblo elegido como Creador del mundo y Salvador de todos los hombres, es la raz\u00f3n del hombre finito, inclinada al error y al ego\u00edsmo, la que se atribuye un sentido y se pone como objetivo su voluntad de poder. El hombre, entonces, ya no es, como a principios de la era moderna con su dualismo antropol\u00f3gico entre mente y cuerpo, simplemente el \u00abdue\u00f1o y due\u00f1o de la naturaleza\u00bb (Descartes), sino tambi\u00e9n ideol\u00f3gicamente el creador de su yo espiritual, que, de manera existencialista-emancipadora, se abre camino desde la nada al ser (autodise\u00f1ado pero s\u00f3lo aparente) (Sartre). El ego, en su estado de ser ordenado por Dios, se disuelve en el curso de la vida en autoexperiencias que ya no pueden integrarse y en autodeterminaciones emancipadas, que flotan en la superficie sin raz\u00f3n ni destino, como flores de agua de todos los colores, sin echar jam\u00e1s ra\u00edces.   <\/p>\n\n<p>Pero entonces mi cuerpo ya no es yo en su potencial material, sino que est\u00e1 conectado a m\u00ed s\u00f3lo accidentalmente, como un vestido que puede ser adaptado y al que se le puede dar un nuevo aspecto. Si en la \u00e9poca dorada de la burgues\u00eda segura de s\u00ed misma se dec\u00eda que \u00abcada uno es arquitecto de su propia felicidad\u00bb, en la era del transhumanismo hemos pasado a \u00abcada uno es arquitecto de su propio cuerpo\u00bb. <\/p>\n\n<p>El posthumanismo es id\u00e9ntico al antihumanismo cl\u00e1sico de las ideolog\u00edas ateas, s\u00f3lo que m\u00e1s h\u00e1bilmente disfrazado y mejor vendido. Con ella, el \u201cOccidente\u201d descristianizado experimenta \u201cel eterno retorno de lo mismo\u201d (Nietzsche), es decir, su nihilismo suicida. Si la afirmaci\u00f3n de Nietzsche \u201cDios ha muerto\u201d refleja la conciencia del mundo actual, entonces est\u00e1 claro que, bajo los auspicios de este nihilismo, \u201csu desarrollo s\u00f3lo puede conducir a cat\u00e1strofes mundiales\u201d. (M. Heidegger, La palabra de Nietzsche \u00ab<em>Dios ha muerto<\/em>\u00bb: ib\u00edd., <em>Holzwege<\/em>, Frankfurt am Main 1972, 201    <\/p>\n\n<p>El transhumanismo es el cuarto \u00e1mbito en el desfile de nihilismos prevalecientes y su abismo devorador. El nihilismo antropol\u00f3gico tiene como padre el orgullo de la criatura que quiere ser como Dios y quiere establecer para s\u00ed la diferencia entre el bien y el mal, lo verdadero y lo falso, y como madre sustituta la locura que cambia la \u00abgloria del Dios incorruptible\u00bb por sus im\u00e1genes ideol\u00f3gicas (cf. Rm 1,20-32). Pero quien confunde la verdad de Dios con la mentira y adora la obra de sus manos y de sus pensamientos en lugar del Creador, se deshonra a s\u00ed mismo en su esp\u00edritu y en su cuerpo y, reduci\u00e9ndose a objeto de placer, se hace un castigo para s\u00ed mismo y est\u00e9ril espiritual y f\u00edsicamente en su propia existencia, porque no quiere comprender que Dios cre\u00f3 al hombre para la mujer y a la mujer para el hombre (1 Co 11,11ss).  <\/p>\n\n<p>El nihilismo antropol\u00f3gico, tanto en su forma pol\u00edtica como en el pathos ideol\u00f3gico-emancipador de la cultura progresista, es significativamente hostil a la vida y a la corporeidad. Esto se manifiesta en la exigencia de matar\/abortar a los ni\u00f1os en el \u00fatero materno <\/p>\n\n<p>como un derecho humano y de matar por piedad (eutanasia) a aquellos que ahora se consideran d\u00e9biles o ya no \u00fatiles. Esto es particularmente evidente en la relativizaci\u00f3n del matrimonio entre un hombre y una mujer como una de las muchas variantes del goce orgi\u00e1stico de la satisfacci\u00f3n sexual. Con esto se niega la referencia a la fecundidad con la que el Creador ha bendecido al hombre y a la mujer, para que transmitan, protejan y promuevan la vida que \u00c9l ha creado, y para que el matrimonio llegue a ser parte de la comunidad familiar y, en la sucesi\u00f3n de generaciones, se realice la voluntad universal de salvaci\u00f3n de Dios.  <\/p>\n\n<p>Adem\u00e1s del hecho biol\u00f3gicamente probado de que un verdadero cambio de sexo no es posible, la ficci\u00f3n de una libre elecci\u00f3n de g\u00e9nero surge de la negaci\u00f3n de la voluntad de Dios respecto de nuestra personalidad, la cual siempre es dada a cada individuo como don y tarea en una naturaleza f\u00edsica (corporal) de expresi\u00f3n masculina o femenina. El hombre no est\u00e1 atrapado en su cuerpo como en una camisa de fuerza. M\u00e1s bien, el cuerpo humano es el fundamento de la posibilidad de la autorrealizaci\u00f3n concreta e hist\u00f3rica de la persona creada, especialmente en la forma m\u00e1s alta de amistad, que s\u00f3lo se puede alcanzar en la uni\u00f3n conyugal del hombre con su mujer (cf. Tom\u00e1s de Aquino, <em>Summa contra gentiles<\/em> III, cap. 123).  <\/p>\n\n<p>Porque Uno y el Mismo es el Creador y el Redentor, \u00c9l que nos cre\u00f3 \u00aba su imagen y semejanza, var\u00f3n y mujer\u00bb (Gn 1,27), \u00abtambi\u00e9n nos predestin\u00f3 desde la eternidad (con respecto a nuestra existencia hist\u00f3rica en el tiempo y su fundamento en el ser de Dios) a imagen<\/p>\n\n<p>de su Hijo, para que \u00e9l sea el primog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (Rom 8:29).<\/p>\n\n<p>En el sentido cristiano, la creaci\u00f3n significa la constataci\u00f3n de que todo lo que existe lleg\u00f3 a existir a trav\u00e9s del Logos, la Palabra con la que Dios se expresa y en la que se revela su raz\u00f3n infinita en el sentido de todo ser. Las ciencias naturales limitan su posible comprensi\u00f3n a las estructuras y funciones del mundo material, pero no pueden negar ni oscurecer la conciencia de que el mundo llega a s\u00ed mismo en la raz\u00f3n del hombre y se trasciende necesariamente en la percepci\u00f3n de la realidad invisible de Dios en su eterno poder y divinidad (cf. Rm 1, 20). El conocimiento que surge del progreso de las antropolog\u00edas emp\u00edricas y trascendentales nunca podr\u00e1 poner en tela de juicio la verdad del hombre creado a imagen y semejanza de Dios y la unidad de su persona en cuerpo y alma, sino que s\u00f3lo podr\u00e1 arrojar un poco m\u00e1s de luz sobre el misterio del hombre en toda su profundidad. En definitiva,   <\/p>\n\n<p>\u00abs\u00f3lo en el misterio del Verbo encarnado se esclarece el misterio del hombre\u00bb (Gaudium et spes 22). Por tanto, el primer principio de la antropolog\u00eda cristiana, que disipa toda tendencia nihilista y presuntuosa autocreaci\u00f3n como el sol naciente disipa las sombras de la noche y las nieblas de la ma\u00f1ana, es la verdad natural y revelada: <\/p>\n\n<p>\u00abel hombre, \u00fanica criatura sobre la tierra que Dios ha querido para s\u00ed, no puede encontrarse plenamente a s\u00ed mismo sino en la donaci\u00f3n sincera de s\u00ed mismo\u00bb (Gaudium et spes 24), es decir, en el amor a Dios sobre todas las cosas y en el amor al pr\u00f3jimo tanto como a s\u00ed mismo.<\/p>\n\n<p>La raz\u00f3n de Dios en la creaci\u00f3n y en la historia de la salvaci\u00f3n es insuperable. No suprime la raz\u00f3n finita de las criaturas, sino que la ilumina como una luz inextinguible. En Jesucristo \u00abla luz verdadera, que ilumina a todo hombre, ven\u00eda al mundo\u00bb (Jn 1, 9). \u00c9l es el Verbo hecho carne, el Logos de Dios Padre. Nos revela la idea que Dios tiene de nosotros, expresada en nuestra naturaleza f\u00edsica y social, cuando pregunta a los sofistas especulativos de todos los tiempos: \u00ab\u00bfNo hab\u00e9is le\u00eddo que desde el principio Dios los cre\u00f3 var\u00f3n y mujer?\u00bb, revelando as\u00ed el misterio del matrimonio: \u00abPor esto dejar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre, y se unir\u00e1 a su mujer, y los dos ser\u00e1n una sola carne\u00bb (Mt 19,4). No hay respuesta m\u00e1s clara a la mentira de la elecci\u00f3n voluntaria del propio g\u00e9nero, ni a la teor\u00eda de la homosexualidad como variante de la creaci\u00f3n, ni al fraude blasfemo de la bendici\u00f3n divina para la farsa del matrimonio entre personas del mismo sexo. Todo esto est\u00e1 en marcado contraste con la comprensi\u00f3n que el Concilio Vaticano II tiene de la revelaci\u00f3n y de la Iglesia, y que pretenden desarrollar a\u00fan m\u00e1s en un extra\u00f1o ataque de arrogancia e ignorancia. Nadie puede modernizar las ense\u00f1anzas de Cristo, \u201cporque \u00c9l mismo (en su encarnaci\u00f3n) trajo consigo toda novedad\/modernidad, para renovar y reavivar al hombre\u201d. Ni el Magisterio ni la Iglesia en su conjunto pueden ense\u00f1ar nada que vaya m\u00e1s all\u00e1 de la Palabra de Dios, la mejore o intente reinterpretarla (cf. Dei Verbum 10).        <\/p>\n\n<p>El Papa y los obispos, a pesar de su autoridad para conservar e interpretar fielmente la fe, \u00abno reciben ninguna nueva revelaci\u00f3n p\u00fablica como perteneciente al dep\u00f3sito divino de la fe\u00bb (Lumen<\/p>\n\n<p>gentium 25). Los textos del S\u00ednodo de Frankfurt interpretan el <em>sensus fidei<\/em> de todo el pueblo de Dios de forma completamente enga\u00f1osa si lo entienden como un filtro a trav\u00e9s del cual una mayor\u00eda deja filtrar herej\u00edas previamente rechazadas como nuevas iluminaciones del Esp\u00edritu Santo y las vende al p\u00fablico desprevenido como democracia en la Iglesia. Se trata m\u00e1s bien del sentido sobrenatural de todo el Pueblo de Dios (y ciertamente no de los laicos en contraposici\u00f3n a los obispos), en el que la infalibilidad de la Iglesia se expresa en el conocimiento y la conservaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n de Dios dada de una vez para siempre en Cristo.  <\/p>\n\n<p>\u00ab\u2026por el sentido de fe suscitado y sostenido por el Esp\u00edritu de verdad, y bajo la gu\u00eda del magisterio sagrado, que, si se obedece fielmente, permite recibir no ya palabra humana, sino verdaderamente palabra de Dios (cf. 1 Ts 2,13), el pueblo de Dios se adhiere indefectiblemente a la fe transmitida una vez para siempre a los santos (cf. Jc 3), la penetra m\u00e1s profundamente con recto juicio y la aplica m\u00e1s plenamente en la vida\u00bb (Lumen gentium 12).<\/p>\n\n<p>El sentido sobrenatural de la fe no es pues una v\u00eda de escape para la autosecularizaci\u00f3n de la Iglesia ni para su mutaci\u00f3n mundana en un partido en el que sus alas luchan por la soberan\u00eda interpretativa con la voluntad de poder, o en una palabra, \u00abponiendo la sabidur\u00eda del mundo por encima de la sabidur\u00eda de Dios\u00bb (cf. 1 Co 1,20).<\/p>\n\n<p>El verdadero problema, cuya expresi\u00f3n es el nihilismo antropol\u00f3gico con su potencial destructivo, es que incluso algunos cat\u00f3licos ya no creen en el hecho de la autorrevelaci\u00f3n hist\u00f3rica y escatol\u00f3gica de Dios en Jesucristo. La creaci\u00f3n, la Antigua y la Nueva Alianza, la Encarnaci\u00f3n, la <\/p>\n\n<p>muerte de Jes\u00fas en la cruz como su sacrificio por la reconciliaci\u00f3n de la humanidad con Dios, su resurrecci\u00f3n corporal y, en \u00faltima instancia, la nuestra, son consideradas por ellos s\u00f3lo como s\u00edmbolos reinterpretables o intercambiables de calidad m\u00edtica. Si el cristianismo fuera simplemente un conjunto de visiones dispares acerca de lo divino incognoscible, difundidas en nuestra interpretaci\u00f3n te\u00f3rica del mundo y en nuestra gesti\u00f3n pr\u00e1ctica de la contingencia, entonces no valdr\u00eda la pena luchar ni sufrir por la verdad de Cristo. \u201cPorque si los muertos no resucitan, comamos y bebamos como los gentiles, porque ma\u00f1ana moriremos\u201d (1 Co 15,32). La fe en el Dios real y verdadero, que revel\u00f3 a su Hijo Jesucristo el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6), disipa el nihilismo como el sol naciente disipa la niebla de nuestra mente.   <\/p>\n\n<p>El nihilismo, \u00abel sentimiento de la nueva era\u00bb seg\u00fan el cual \u00abDios mismo ha muerto\u00bb (G. Hegel, Fe y Conocimiento, Ph B 62b, 123), s\u00f3lo conducir\u00e1 a la convicci\u00f3n de que, en consecuencia, ya no hay nada m\u00e1s que hacer con los hombres y que todo lo que agrada est\u00e1 permitido. Pero si creemos en la raz\u00f3n infinita de Dios y en su revelaci\u00f3n manifestada tambi\u00e9n en su creaci\u00f3n, el nihilismo es superado por el horizonte salv\u00edfico y escatol\u00f3gico y son verdaderas las palabras del Libro de la Sabidur\u00eda: \u00abPorque Dios cre\u00f3 todo para que existiera; las criaturas del mundo son sanas, no hay en ellas veneno mortal, ni reina el inframundo en la tierra, porque la justicia es inmortal\u00bb (Sab 1,13s), y m\u00e1s adelante: \u00abDios cre\u00f3 al hombre para la inmortalidad; lo hizo a imagen de su propia naturaleza\u00bb (Sab 2,23ss). <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por el cardenal Gerhard M\u00fcller, Roma El fil\u00f3sofo alem\u00e1n Friedrich Nietzsche (1844-1900) proclam\u00f3 el surgimiento del superhombre (der \u00dcbermensch). Tras dejar atr\u00e1s al animal, el hombre da el salto m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed mismo para convertirse en el \u201csuperhombre\u201d. 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