Discurso de don Stefano Tardani

El ataque a la institución de la familia y al verdadero bien de la vida ha pasado por la engañosa cultura de lo efímero, del placer inmediato y compulsivo y, por último, pero no por ello menos importante, por la cultura de la muerte.

La confusión cultural y moral actual se ha basado en la duda y la desconfianza sistemáticas, relegando la fe, junto con sus raíces racionales y ontológicas, a la formación de opiniones individuales. De este modo, se ha producido el desmembramiento de la verdad de las cosas y de su conexión con la trascendencia para cualquier otro valor humano o religioso.

El 19 de enero de 2012, Benedicto XVI dirigió estas palabras a los obispos de Estados Unidos en su visita ad limina: “Cuando una cultura intenta suprimir la dimensión del misterio último y cerrar las puertas a la verdad trascendente, inevitablemente se empobrece y cae víctima, como intuyó tan claramente el difunto Papa Juan Pablo II, de una lectura reduccionista y totalitaria de la persona humana y de la naturaleza de la sociedad”.

Para ayudar a la familia a recuperarse y también a recuperar su lugar central en la sociedad para la defensa y el desarrollo de la vida humana, es necesario recuperar una posición de valor y de consenso con un giro y una conversión de la revolución cultural actual, una especie de «contrarrevolución cultural», que vuelva a sacar a la luz lo verdadero, lo bueno, lo bello y la dimensión trascendente.

Debemos unir fuerzas y medios económicos para el advenimiento de una nueva cultura de la verdad y del bien, una nueva cultura de la vida y de la familia, de su preciosidad y de su singularidad.

Necesitamos recuperar ese hilo delgado del bien de la vida, confiado por Dios al espíritu del hombre. En el mundo confuso de hoy, sólo el redescubrimiento experiencial del alma espiritual puede detener el abuso de la autodeterminación, sólo algo que está en la raíz de la libertad misma y de la misma capacidad cognitiva, que es precisamente la raíz del espíritu humano.

Podemos identificar sus manifestaciones o características respondiendo a esta pregunta: “¿Qué hace el espíritu, el alma espiritual, en el ser humano?”. Espíritu humano, por supuesto, no debe confundirse con la presencia y acción del Espíritu Santo que es Dios, Uno con Dios Padre y el Hijo, y que viene en ayuda de nuestro espíritu humano y en nuestra vida.

Así pues, sólo a modo de ejemplo y no de manera exhaustiva, enumero aquí lo que el alma espiritual en el ser humano, en la libertad, puede operar, amar y buscar:

  • Ama y busca el sentido de las cosas, el porqué;
  • Ama y busca la verdad, el bien;
  • Amar y buscar la eternidad y la inmortalidad;
  • Ama y busca la armonía, la luz;
  • Ama y busca la libertad, la gratuidad;
  • Ama y busca la fidelidad y la bondad;
  • Ama y busca la justicia y el orden;
  • Ama y busca la belleza, el poder y la vida;
  • Anima la vida y lo mejor;
  • Fomenta la autoconciencia;
  • Supera el tiempo cronológico;
  • Hace presente el pasado y hace presente el futuro;
  • Ama y busca de manera personal
  • Busca la razón última;
  • Percibe su existencia dentro de sí mismo, pero no sólo como conciencia (autoconciencia), sino más profundamente aún, como conciencia de tener conciencia.
  • Busca la realidad espiritual
  • Ama y busca a DiosAma e cerca Dio

Pero una cosa es deducir y afirmar todo esto, como debemos hacerlo; Otra cosa es demostrar su acción, por ejemplo, en el desarrollo del embrión humano en comparación con el embrión de otro mamífero.

La búsqueda de la existencia del alma espiritual en el ser humano y de sus manifestaciones observables y científicamente demostrables es precisamente la tarea y misión que se propone la Fundación IRIS-3 con su instituto de investigación interdisciplinario e internacional.

Materia y espíritu, unidos, dan vida al ser humano. Y es precisamente la realidad del espíritu la que da al hombre su dignidad inalienable, sus valores más altos, la grandeza de su libertad, de pensamiento, de conocimiento y de autoconciencia. Esta es el alma espiritual, creada por Dios, el pneuma, el espíritu, muy diferente del alma psíquica, psique o mente.

Nuestra investigación se orienta a la demostrabilidad de la existencia del alma espiritual, del espíritu (pneuma) presente en el ser humano: es de hecho el espíritu el que constituye al ser humano en su identidad y peculiaridad y lo hace capaz de su progreso y de todas sus disciplinas.

No basta, de hecho, que afirmemos la realidad del alma espiritual, del espíritu humano en la oración, en relación con la Gracia, en la teología y en las cosas de la Iglesia.

Es necesario afirmarlo, demostrarlo e indicarlo también en la vida humana para que no se destruya negando a quien lo creó, Dios. Es necesario señalar la existencia y acción del alma espiritual en toda ciencia y en toda disciplina para superar el materialismo ateo por una parte y el inmanentismo espiritualista emergente y engañoso por otra. Éste es el objetivo del Instituto de Investigación IRIS-3.

¡Es cierto que no tenemos nada con qué medir el alma espiritual! Es cierto, ya que no tenemos nada superior al alma espiritual que pueda “medirlo”, nada espiritual que pueda captarlo. No es como el mundo que podemos medir.

La dificultad de “medir” el espíritu viene dada precisamente por el hecho de que es el propio espíritu el que “mide” la realidad, y por tanto no se deja “medir” por instrumentos.

¡Sin embargo, hay una manera de demostrar la existencia del alma espiritual en el ser humano! ¡Esto es lo que se mide el alma espiritual! Dando señales de su acción en el ser humano y en todas las Disciplinas que el conocimiento y el progreso han creado.

Siendo autorrevelación, de hecho, se presenta con su desvelamiento y puede indicarnos su presencia y su acción como la autoconciencia, la libertad y el bien del que proviene.

Nuestra investigación es de suma importancia. El alma espiritual, el espíritu, en el ser humano es en realidad verdad, amor y poder, la “imagen” de Dios que lo creó de modo inmortal.

El alma espiritual establece nuestro ser personal y nutre la conciencia psíquica: donde la conciencia psíquica termina su percepción, comienza la conciencia espiritual.

  • El estado de conciencia espiritual se experimenta en la oración profunda de Comunión con Dios y adoración.
  • También “La Terapia del Ser y de la Persona”, terapia espiritual que se desarrolla dentro del Instituto de Investigación, revela y remite a la conciencia espiritual y a su poder. Tanto los pacientes como los practicantes de esta Terapia experimentan la revelación del alma espiritual en el ser, más allá de la conciencia psíquica, y experimentan que este nivel espiritual superior existe, capaz de sanar heridas internas profundas.
  • El alma espiritual, siendo imagen de Dios que es Verdad, Amor y Poder, vive de esta luz de Dios. Todos los valores humanos no existirían sin el alma espiritual, que da forma y consistencia a los valores. Los valores son como la manifestación del alma espiritual: al cubrir y ocultar el alma espiritual de generaciones a generaciones, se cubren y ocultan todos los valores de la vida y de la persona humana, de la vida social, incluidos los de la familia. Es el espíritu humano el que nos hace “humanos” porque sin alma espiritual no hay característica humana ni humanidad. Es el espíritu el que nos humaniza. Sin redescubrir y escuchar el espíritu humano, todo progreso humano es un peligroso engaño para la humanidad porque es fundamentalmente inhumano.

Con espíritu profético hemos creado esta Fundación con su Instituto de Investigación Científica, Interdisciplinaria e Internacional.

Se trata de un proyecto grande y difícil que hemos comenzado a emprender con la ayuda de Dios, y con la ayuda de las colaboraciones y de los medios, incluso económicos, de cuantos quieren apoyar este paso adelante en el conocimiento del ser humano, imagen de Dios, y de cómo el camino de la humanidad puede transcurrir en el bien y en la verdad.

Uniendo fuerzas, esta investigación podrá producir muchos dones extraordinarios en todos los campos, no sólo del conocimiento, del saber en todas las disciplinas, sino también de la vida humana, para discernir y perseguir el verdadero bien de nuestro futuro.