Presentación de la Fundación IRIS-3 – Roma, sábado 25 de marzo de 2023

DEL DISCURSO DEL PROF. ANTONELLO BLASI – EXTRACTO

Queridos oyentes,

Feliz de estar con vosotros apreciando esta noble iniciativa que tiene la ventaja, absolutamente primordial para mí, de ser interdisciplinar y ver así al hombre en su ser como Persona Humana dotada de cuerpo, alma y espíritu. Tomo mi incipit del Libro de la Sabiduría: «Que Dios me conceda hablar según ciencia… porque él es guía… y los sabios reciben de él la guía» (7,15). Y así es: no conozco la Fundación a la que me acerco hoy, pero conozco desde hace años a don Stefano Tardani, un sacerdote incansable en Roma que entrega su corazón a todo lo que hace.

Como dice la Escritura: “Hubo un viento fuerte y recio que partió los montes y partió las rocas delante del Señor, pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, hubo fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, el susurro de una ligera brisa. Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con su manto y salió y se paró a la entrada de la cueva» (I Reyes 19, 11-13). Era Dios que pasaba.

El espíritu entra así en los dos límites que configuran la historia de todos nosotros, el del tiempo y el del espacio-naturaleza-física (compuesto por tierra-materia, agua y aire), límites dentro de los cuales todo, y por tanto también el derecho, mueve sus pasos buscan la justicia, su única tensión la da la verdad, lo justo, la caridad qui nihil est aliud quam Deus.

Un derecho que no necesita buscar excesos como la rapidez, el rango, la competencia y la excelencia, ni la lentitud, la desconexión, la renuncia y la mediocridad.

El derecho es norma, quiere regular, y si manda ordena y si ordena naturalmente lo hace primero no por obligación sino como consecuencia. La adhesión del individuo en la comunidad de un sistema jurídico es la base del respeto a la norma para que se haga regular su observancia, produciendo los efectos esperados, deseados, logrados con los inevitables imprevistos debidos a los defectos humanos y a la imponderabilidad de la aleatoriedad natural.

Pero el derecho causa y produce la normalidad: la regla nos hace ser normales, quienes respetan la regla se vuelven regulares y su comportamiento se vuelve normal. La persona normal busca, persigue y luego aplica la norma porque se adhiere espontáneamente a su regla: así normalmente respeta a los demás, los apoya para vivir juntos, los supera para sacarlos de las dificultades, pero sólo por una necesidad o por una urgencia las cuales son normales porque se incluyen en las normas legales sin llamarlas excepciones que implicarían una «ilegalidad tolerada». Pero no: la norma invita a ser normales.

Señalo que el derecho produce las reglas para ser regulares y orienta una sociedad para que sea regular. Incluso cada uno de nosotros, si es normal, debe ser apreciado porque respeta la norma. Recompensar a quienes se detienen en un semáforo en rojo en lugar de simplemente sancionar a quienes no lo respetan. ¿Como? Con el gobernante-sirviente que lava los pies a los ciudadanos y vive, transparentemente honesto, al servicio de todos (colectividad y menos transparente que todos).

Por eso, para sobrevivir, el ser humano no depende sólo de la fuerza y la inteligencia, sino que también tiene la conciencia que combina el intelecto (entiendo/sé, sé de saber. Pascal) con la voluntad (quiero/no quiero. Kant) independientemente de la necesidad circundante (¿Dios?), quién es el único

que propone (el árbol) pero deja a cada uno libre de elegir, y además que uno propone su propia elección hecha (comer la manzana), dejando que el otro elija (sí o no).

¿Por qué la civilización humana debe necesariamente caminar sobre derechos fundamentales? Para poder dormir o, mejor dicho, para despertar al día siguiente, para no matarse mientras duermen no confiando en dormir primero. Por tanto, no matarse se convierte en un imperativo si queremos seguir cazando juntos al día siguiente más fuertes y con mayores objetivos. Por lo tanto, no matar es un deber fundamental que va acompañado del derecho a la vida. Lo creas o no, es como la ley física de la gravedad, simplemente existe: si quieres una civilización y una humanidad es obligatorio seguir los derechos fundamentales, simplemente.

Dormir sin que te maten y defender al más débil (=todos son débiles dadas las circunstancias, el pequeño trepa, pero corre poco, el alto sabe correr, pero es débil para trepar) sin dejarlo atrás presa de las hienas, que siempre siguen a cualquier tipo de manada, es Humano y acrecienta la Civilización.

Así nació el derecho a la vida o los yoh yos (salud/salvación de la vida) que las IUS articularon en muchos idiomas. Si el Derecho da paso a la “ley” del más fuerte, es decir, leyes para uso y consumo propio, no es Derecho sino Arbitrio disfrazado de leyes, lo contrario del objetivo-fin del que es responsable, el IUS-IUSTITIA (= formado a partir de iustus y el sufijo – itia que expresa “la condición de ser”): iustitia significa “la cualidad de ser iustus”. Por tanto, justicia significa «la condición de estar provisto de ius».

La iconografía occidental tradicional de la Justicia es una mujer con los ojos vendados, una balanza y una espada. Su ceguera es artificial (la venda de los ojos) y el uso del instrumento de medida vinculado al equilibrio (aequus «igual» y libra «peso, balanza») y a la medición sugieren una connotación reflexiva y desinteresada = imparcialidad y por tanto no discriminatoria.

Si ayudamos a los normales, los normales ayudan a que el mundo sea regular y son ellos quienes ayudan a los que están en dificultades, evitando que sólo se enaltezca lo despectivo (muchas veces incluso el que se equivoca y da mal ejemplo es constantemente puesto a la luz transfigurándolo en héroe sin ni siquiera esperar su arrepentimiento verdadero o instrumental) o que sólo los que se arrepienten sean perdonados y colocados en el monumento del ejemplo, o que los que tienen mil talentos sean puestos como estímulo a una emulación imposible por parte de aquellos que naturalmente, han tenido un talento solo.

Premien a los normales y serán regulares, ayudemos a los regulares y seremos normales. Este es el esfuerzo de ser verdaderos héroes y verdaderos santos, pero, añadiría, también de ser reconocidos, apreciados y recompensados por quienes, en ese momento y a cualquier título, son los «superiores» que os ven, pero no te miran, que te sienten, pero no te escuchan, porque no eres alguien que «propone», porque para ellos eres «normal».

Y esto se aplica también al más alto nivel de responsabilidad de la res-publica o de la Política por el bien común de muchos y globalmente de todos. Para los gobernantes y líderes religiosos: la norma normal es la libertad religiosa: el derecho a elegir/no elegir/cambiar de elección. Siempre. En todos lados. i esta libertad se concede a la creencia y a la conciencia del individuo, seguirán las demás leyes, respetuosas de la libertad de todos, dentro de un respeto mutuo natural que no se impone, sino que se da por adhesión diaria y espontánea.

Antonello Blasi

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