Ecologia
Dona ahoraEl ser humano, al estudiar la naturaleza y sus leyes, ha descubierto cada vez más los estrechos vínculos que existen entre su vida y el medio ambiente natural, entre los componentes vivos y no vivos, como en «una casa común»: vínculos de mutuo equilibrio vital, de mutua coexistencia y supervivencia. De ahí la atención, la preocupación y la responsabilidad humana hacia la vida en nuestro planeta y hacia los ecosistemas, compuestos como están de elementos bióticos y abióticos. Todo esto recuerda, como afirma la Biblia, la primacía del hombre, a quien Dios confía el gobierno de la naturaleza (cf. Gn 1, 26-28). Pero ¿puede el solo temor a perder los recursos naturales y los equilibrios vitales brindar al hombre la relación correcta con la naturaleza? ¿Y si los humanos quisieran distorsionar aún más la naturaleza con sus poderosos medios, sometiéndola a sus caprichos y propósitos egoístas, tal vez sólo para una parte de los habitantes? ¿Quién puede educar al ser humano a amar, a aceptar límites y a respetar la creación que Dios le ha confiado, sino el espíritu que lleva dentro de sí, imagen de Dios Creador, con el que puede amar y puede conservar ese «orden» que Dios mismo ha confiado a su inteligencia y a su buena voluntad? La naturaleza sola encuentra su equilibrio de vida, viceversa, el ser humano, al tener libertad, no puede hacerlo si ignora la vida de su propia alma espiritual.
